Encarar la fotografía de fauna salvaje en la marisma es plantearse ese dilema básico de ¿DÓNDE…?; y ante tamaña magnitud de espacios abiertos no debemos dejarnos llevar por el desconcierto y la simplista interpretación del espacio. En este lugar como en tantos otros “no todo el monte es orégano” y dándole la vuelta al dicho no todo en la marisma es vacio e inmensidad.

Tomarle el pulso a la Marisma pasa por conocer sus ritmos vitales, tan distintos de los de otros parajes. Un mismo lugar, en cuestión de pocas horas puede transformarse, de un Desierto salino en un humedal repleto de vida; el ritmo de las mareas a su vez cambiante en intensidad unido a la estacionalidad de las lluvias hace de estos espacios un Mundo en continuo cambio. Básicamente la dinámica es similar en esteros y lagunas. En estos contextos la estacionalidad gana preponderancia conforme la pierde la influencia mareal. El Agua es el principal motor de estos ecosistemas donde las especies ligadas a ella encuentran sus diferentes nichos ecológicos. Entre la fauna, las aves son las que dominan el paisaje, en algunos caso literalmente, produciéndose en determinadas circunstancias concentraciones de miles de individuos en lugares muy concretos.

Nuestra primera pregunta ya queda resuelta. Si nuestros objetivos, en este caso las aves de la marisma están ligadas al agua, es lo más cerca a ésta donde nos tendremos que situar, para obtener nuestras ansiadas imágenes.

Lo que da pie a una nueva pregunta ¿CÓMO…?

 

Podemos construir un refugio/hide en la orilla, pero he aquí que ésta no siempre está en el mismo lugar/cota, pues las fluctuaciones de nivel pueden llegar a ser bruscas y predecibles, como las de influencia mareal, o totalmente impredecibles cuando son ocasionadas por los calurosos días del estío, que pueden convertir en unos pocos días una hermosa laguna en un secarral. Un pequeño refugio de ramas a modo de parapeto puede servirnos en estas circunstancias. Nuestra posición en estos hides es la de tumbados por lo que los denominamos Tumbihide.

Si las aguas nos dan más juego podemos plantear un tumbihide de más solidez  para varios días. Pero asumiendo la caducidad de éste. De tal manera que sabemos de antemano que en pocos días nuestro escondite estará a una distancia no operativa de nuestros objetivos.

En el caso de las zonas de influencia mareal, debemos estar atentos a las grandes mareas. Estas pueden dejar nuestro tumbihide no operativo (justamente por lo contario que indicamos antes) al inundar zonas ocasionalmente o hacer subir súbitamente el nivel del agua en nuestra zona de trabajo.


Si las condiciones no son las adecuadas, todavía nos queda la opción de crearlas nosotros mismos. Si contamos con una lámina de agua suficiente, podemos modificar ligeramente el terreno para crear un espacio de trabajo que se adecue a nuestras necesidades; y lo mas importante, que resulte atractivo para las aves.


Una pequeña orilla despejada junto al cañaveral, convenientemente cebada durante el duro invierno, nos garantiza la presencia de multitud de pequeñas avecillas, como los colorista pechiazules, y la continua sorpresa de visitas esporádicas, de muchas otras especies.

Dentro del ¿Cómo?, merece especial atención la construccion de los Tumbihides. Sobretodo cuando se trata de instalaciones fijas, que deben permir nuestro trabajo en diferentes condiciones meteorológicas; máxime cuando se usan en invierno.Los días nublados e incluso lluviosos, son los que nos dejan esas imagenes irrepetibles con las que todo fotógrafo sueña.

Tomamos como base un palet de dimensiones apropiadas, cubierto con una lámina de material ligero, como el contrachapado. Conseguimos así una superficie que nos permite trabajar estando aislados del suelo, que en la mayoría de los casos puede estar inundado. Gracias a ello obtenemos una perspectiva muy interesante con respecto a los sujetos a fotografiar.

Sobre esta base colocamos una estructura lo más ligera posible, sobre todo si no la fabricamos in situ. Esta nos debe brindar la cobertura y protección necesaria ante las inclemencias meteorológicas dotándola del aislamiento adecuado.

Una vez realizadas estas acciones, podríamos estar en disposición de empezar a trabajar. Pero nada de lo anteriormente expuesto serviría para nuestros fines, si no hemos partido de una correcta elección del lugar.  Ello no es posible sin una previa labor de observación metódica de las querencias de las aves en la marisma. En el caso de realizar aportes de alimento, éste debe ser continuo y adecuarse a las apetencias de las especies de nuestro interés.

La fotografía de aves en las Marismas, Esteros, Salinas y Lagunas, es un ejemplo de lo que yo defino como fotografía adaptativa. El fotógrafo debe adaptarse al entorno, formar parte de él, llegandose a sentir como parte del espacio donde trabaja. La llegada de nuevos equipos, técnicas, materiales... al mundo de la fotografía, hace posible que proyectos hasta hace poco irrealizables se conviertan hoy en realidad. Los límites los marca la Imaginación del Fotógrafo.

En mi caminar por el mundo de la Fotografía de Naturaleza, mucho he andado. Desde mis inicios como naturalista en las Sierras Gaditanas, hasta esta tierra llana de Huelva. Hoy en día me siento tan cómodo y feliz en cualquier risquera de las montañas Ibéricas, como en el tibio lodo de las marismas del sur de Andalucía.

 



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